EFQM, legislación y Administración pública.
Después de una larga huida de la calidad me encuentro metido de lleno, como alumno, en un curso de aplicación del modelo EFQM a la Administración pública. El reto es apasionante, sobre todo si se mira con los cristales optimistas de gente como alorza o con el cariño artesanal de Julen. Gestionar no es fácil: lo muestra el constante saltar de alarmas. Me ha parecido curiosa la inquietud que reiteradamente expresa una de las compañeras del curso, a modo de luz que parpadea en rojo: ¿Qué pasa con el cumplimiento de la legislación?
En otros modelos de gestión (tales como EMAS, ISO 14000 e ISO 9000) el cumplimiento de la legislación es uno de los elementos contemplados (con su apasionante polémica en cuanto al grado de exigencia). La organización que opte por una certificación conforme a las normas ISO 9001 o ISO 14001 deberá mostrar que considera en su sistema de gestión la legislación aplicable a la actividad. Estos dos sistemas buscan, mediante la obtención de un certificado, la diferenciación en el mercado, bien por su compromiso con la satisfacción del cliente (serie 9000), bien con el respeto al medio ambiente (serie 14000). Parece coherente pues, exigir que el acceso a estas certificaciones pase por contemplar la legislación aplicable, en la medida en que es un mínimo exigible en la relación de la organización con su entorno, partes interesadas...
En EFQM, si bien también existe la posibilidad de conseguir "sellos" para diferenciarse en el mercado, el propósito básico es la autoevaluación. El diagnóstico de la organización para conseguir la mejora continua. Desde el punto de vista teórico, el motor del cambio no es tanto el mercado como las fuerzas internas de la organización que se propone alcanzar la excelencia, (tal vez) comparándose con otros para seguir avanzando. Quizá por eso no se explicita de una forma tan clara como en los otros modelos el asunto de la legislación. En la práctica, EFQM es parte del mercado de distintivos que permiten diferenciar organizaciones en un escenario de competitividad permanente.
Así las cosas, ¿corremos el riesgo de que la Administración, en un afán de mejora, simplificación,... se "olvide" de dar cumplimiento a requisitos relacionados (por ejemplo) con plazos garantes de derechos como la participación? El riesgo, tal y como se planteaba por esta compañera del curso, no vendría sólo del estamento político interesado en aligerar procedimientos para ejecutar cuanto antes vistosos proyectos (que los ayudasen a perpetuarse en el poder). También podría venir de las externalizaciones de procesos en las que se den por supuestas cuestiones clave de los procedimientos administrativos que no tengan interés en el contexto privado (por ejemplo la audiencia al interesado durante un trámite).
Me inclino a pensar que la Administración es consciente de que su misión es garantizar los derechos de las distintas partes interesadas. Por ello, cualquier proceso debería contemplar escrupulosamente el cumplimiento de la legislación aplicable, siendo esa la prioridad que condiciona cualquier criterio de calidad que pretenda establecerse. El cumplimiento, entre otras, de la Ley 30 (y la 11/2007, o la 27 en el ámbito de la información ambiental), es un elemento que no puede obviarse a la hora de evaluar la calidad de los servicios públicos.
Soy consciente de que la cosa es más compleja que todo eso y que son muchos los caminos que tiene que recorrer la Administración para llegar a la calidad. Por eso conviene tener cerca una lista de valores: no nos ayudarán a encontrarnos cuando estemos perdidos, pero nos deberían servir para entender por dónde nos movemos.
escuchando sobre empresa abierta
Ayer no pudo ser “La empresa abierta, competitividad en el siglo XXI”. Una llamada visando a tiempo del percance invitaba a ir hoy a un mano a mano con Julen y Genís, en el "Ciclo Ecoinnovación y el futuro de las economías abiertas", de EOI. Una clase distinta de gestión diferente, aperitivo del curso sobre EFQM que la próxima semana me hará llegar con un poco de retraso a la conferencia de alorza.
Del evento me han gustado la forma y el fondo. Un diálogo entre los participantes donde los ponentes rompen el hielo y llevan la conversación hasta la siguiente pregunta del público asistente. Con un pinchito previo para no desfallecer con el estómago vacío. Y un cafelito después para posar ideas. Han sido muchas y algunas efervescerán durante algún tiempo en mi cabeza.
Sintonizo con la inquietud de Julen sobre si se ha agotado un modelo. Y pienso que sí. Tal vez estamos ante la necesidad de revisar el uso que hacemos de la palabra competitividad. Hasta hace poco era sinónimo de ganar más. ¿Es momento de asimilar competitividad y sostenibilidad? Julen abría el partido aclarando que, hasta ahora el por qué en la empresa se respondía justificando un impacto positivo en la cuenta de resultados. ¿Es más competitiva la organización que gana más o la que gana lo suficiente para seguir ganando a medio y largo plazo? A título particular lo tengo claro, estoy acomodado en los límites del subsistir y dejar que otros subsistan, pero ¿puede eso trasladarse a la empresa?
Además de recopilar algunas ideas sobre los cambios que se están produciendo y que están por venir en las relaciones entre las organizaciones y las personas, la tarde ha dado para descubrir a gente como Jose María Peláez o Tona Pou (yo que creía que lo de las tarjetas era algo aburrido que ya estaba pasado de moda y voy a añadir a mi colección la más chula de todas).
Hoy es uno de estos días en que me siento demasiado joven para resignarme pero demasiado viejo como para no saber lo que quiero ser de mayor, me quedo con la cita de Genís: “Uno hace la carrera profesional con la que la vida le sorprende”.
EMAS III: información ambiental
Otro de los aspectos que me inquieta, en el proceso de revisión, es el artículo 33 de la nueva propuesta de reglamento EMAS. Entre otras cosas se puede leer:
“Los Estados miembros establecerán un sistema que garantice que se proporcione a las organizaciones que se hallan inmersas en el proceso de inscripción en el registro, previa solicitud, información y asistencia sobre los requisitos jurídicos en materia de medio ambiente en el Estado miembro considerado.”
Me parece increíble que una norma europea con un artículo como este no haga referencia en ninguna parte a la Directiva 2003/4/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 28 de enero de 2003, relativa al acceso del público a la información medioambiental. Esta directiva, que ha dado lugar a la creación de unidades especializadas en información ambiental por parte de la Administración, establece, entre otras cosas, que:
“ Los Estados miembros harán lo necesario para que las autoridades públicas estén obligadas, de acuerdo con lo dispuesto en la presente Directiva, a poner la información medioambiental que obre en su poder o en el de otras entidades en su nombre a disposición de cualquier solicitante, a petición de este, y sin que dicho solicitante esté obligado a declarar un interés determinado.”
“los Estados miembros garantizarán que:
a) se exija a los funcionarios que asistan al público cuando trate de acceder a la información;
…”
“Los Estados miembros velarán por que las autoridades públicas informen al público de manera adecuada sobre los derechos que les otorga la presente Directiva y por que faciliten en la medida en que se considere apropiado información, consejo y asesoramiento al efecto.”
“La información que se haya de facilitar y difundir será actualizada si procede e incluirá como mínimo:
a) los textos de tratados, convenios y acuerdos internacionales y los textos legislativos comunitarios, nacionales, regionales o locales sobre el medio ambiente o relacionados con él;
b) las políticas, programas y planes relacionados con el medio ambiente;”
Me inquieta que EMAS III no haga mención a una Directiva porque es un indicador bastante claro, al menos, de todos o alguno de los siguientes aspectos:
- Los agentes implicados en materia de información ambiental no están participando en el proceso de revisión de EMAS.
- Los agentes que participan en la revisión de EMAS ignoran (voluntariamente o no) la existencia de legislación sobre el acceso a la información ambiental.
- Los grupos de interés que participan en la revisión de EMAS desprecian (o desconocen) los mecanismos puestos en marcha para facilitar el acceso a la información ambiental por parte de la Administración.
- Los agentes implicados en la revisión de EMAS tienen incentivos para desacoplar EMAS de la normativa en materia de acceso del público a la información medioambiental.
- Existen incentivos para que el modo en que accede a la información ambiental el "público" sea distinta de la forma en la que acceden las organizaciones en EMAS.
¿Estamos coordinando eficazmente los distintos instrumentos de información y participación? ¿Tenemos en cuenta de forma adecuada los requisitos de los ciudadanos o los procesos normativos únicamente atienen a los intereses de una parte de los afectados? ¿EMAS III es un mecanismo de información al mercado sobre el desempeño ambiental de las empresas o una forma de conseguir un mayor número de organizaciones adheridas con el menor esfuerzo posible?
EMAS III: certificando el cumplimiento legal
En la propuesta para la nueva versión del Reglamento EMAS podemos leer:
“Las organizaciones podrán solicitar a la autoridad o autoridades competentes en la aplicación de la legislación medioambiental una declaración de conformidad con arreglo al artículo 33, apartado 5.”
Artículo 33, apartado 5:
“Los Estados miembros velarán por que las autoridades competentes en la aplicación de la legislación medioambiental respondan a las preguntas de las organizaciones sobre los requisitos jurídicos aplicables en materia de medio ambiente que sean de su competencia y por que les proporcionen información sobre el grado de cumplimiento por su parte de esos requisitos.”
¿Qué sentido tiene esta declaración de conformidad, en lo que se refiere al cumplimiento legal, expedida por la autoridad competente?
Yo que tenía puesta toda mi fe en que EMAS era el mecanismo al que accedían las organizaciones concienciadas ambientalmente y con capacidad y ganas de probar públicamente que cumplen con los requisitos de la legislación ambiental y otros objetivos autoimpuestos de desempeño ambiental. Es más, creía firmemente que los trámites necesarios para estar al día con la legislación aplicable dejan registros documentales trazables sobre ese cumplimiento.
En mi defensa alegaré que me habían enseñado que, en un contexto en el que la Administración no tenía recursos suficientes como para perseguir a "los malos", la industria se inventó un mecanismo de mercado para diferenciar a "los buenos". Está visto que desde que no existe el infierno esto de buenos y malos hay que hacérselo mirar. En cualquier caso, se me antoja ridículo que ahora esa misma industria quiera trasladar a la Administración la labor de separar el polvo de la paja.
Escudarse en el lento funcionamiento de la Administración para justificar la carencia de una licencia de actividad o una autorización de vertido siempre me ha parecido un juego bastante perverso (en el que he de confesar haber echado alguna partida), especialmente si hablamos de una organización que pretende demostrar su compromiso con el medio ambiente y diferenciarse en el mercado por su comportamiento "verde". Del mismo modo, me parece poco coherente pedir de la Administración la certificación del cumplimiento de unos requisitos legales cuyo cumplimiento genera autorizaciones, inscripción en registros y otros requisitos documentales. ¿Tener "los papeles en regla" no es suficiente garantía de cumplimiento de la normativa?
Desde mi particular punto de vista, introduciendo esa declaración de conformidad, estamos trasladando la prueba del cumplimiento de la normativa aplicable desde la organización interesada en adherirse a EMAS a la Administración que, por otro lado, ya tenía el papel de garantizar que la organización cumplía con los requisitos legales aplicables antes de inscribirla en el registro EMAS.
Así las cosas me planteo... ¿Estamos reformando EMAS en el sentido correcto? ¿Realmente buscamos conseguir un mayor nivel de proteción del entorno y de información al consumidor sobre el desempeño ambiental de las organizaciones? ¿Nos estamos quedando en ponérselo fácil a los que quieren vendernos que hacen las cosas bien y nos estamos dejando algo importante por el camino?
Las sombras de la certificación ambiental
Emilio trae a la blogosfera el reportaje “Luces y sombras de los sistemas de gestión ambiental”.
Interesantes reflexiones sobre el debate EMAS vs ISO 14001, dos modelos de gestión ambiental que, teóricamente, sirven para incentivar un adecuado desempeño ambiental por parte de las empresas. Mediante un sistema de comprobación (verificación o certificación, según el modelo) por terceras partes, las organizaciones acceden a un reconocimiento público que permite diferenciase en un mercado, supuestamente, sensible a los problemas ambientales.
Las diferencias sustanciales entre ambos modelos están en la distinta consideración del requisito de cumplimiento de la normativa ambiental (estricto en EMAS e interpretable en ISO 14001), la disponibilidad de información verificada sobre el desempeño ambiental de las empresas, así como la participación de partes interesadas, tanto internas como externas a las organizaciones que implantan el sistema de gestión.
Las sombras salen desde las empresas que acceden a estos reconocimientos únicamente buscando un posicionamiento verde en el mercado, sin interés real la reducción de su impacto ambiental, el acercamiento a las partes interesadas o la transparencia en cuanto a lo que su afección al entorno se refiere. El negocio de la certificación, detectando esta necesidad, se ha especializado, no sólo cubriendo la amplia demanda de empresas que pagan por conseguir un sello sin cumplir los requisitos de la norma que lo ampara, también mediante la diversificación de sellos y modelos, más o menos vacíos de contenido, de certificación verde.
En mi calidad de ciudadano ambientalmente inquieto, me preocupa la evolución del modelo EMAS. La presión de la industria y los incentivos perversos del mercado lo van descafeinando cada vez más. Actualmente estamos metidos de lleno en la siguiente revisión del reglamento EMAS, a la que habrá que dedicarle algunas entradas en este blog.
De madrileños, políticos y residuos
Después de leer noticias contradictorias me surge la duda ¿reciclan bien los madrileños?
Según la responsable municipal, parece que no reciclamos mucho:
"Preguntada por la conciencia medioambiental de los madrileños, Botella afirmó que "no reciclan mucho", aunque matizó que lo de reciclar y separar es un tema "relativamente reciente", por lo que es "difícil" cambiar la mentalidad de los ciudadanos, especialmente la de los de más edad. Asimismo, defendió la medidas "coercitivas" para conseguir concienciar a la población y lo comparó con las multas de tráfico, "que antes no existían y que han conseguido cambiar los usos y las costumbres"."
En la Administración autonómica, la opinión parece distinta:
"El Ejecutivo regional trabaja para complementar inversiones en infraestructuras y servicios con labores de promoción y sensibilización de los agentes sociales. Esto permite aumentar año tras año las cifras de recuperación y reciclaje, que en la actualidad alcanza el 80% de los ciudadanos madrileños separando para su reciclaje alguno de los residuos que genera. Este dato sitúa a la Comunidad de Madrid a la cabeza frente al resto de las regiones españolas."
Desde la distancia que vivir una realidad más cercana a los alumnos de un colegio del distrito galardonados en el concurso regional “Nosotros Reciclamos”, que a los discursos matizados, me planteo tres reflexiones sobre lo mucho o lo poco que separamos los madrileños nuestros residuos para que sean reciclados:
- Realidad estadística:
Para hacer afirmaciones tales como "no reciclan mucho" habría que ir a los datos. La estadística es esa herramienta para elaborar mentiras que nos ayuden a justificar cualquier cosa. Una mentira repetida hasta la saciedad es la tasa de generación de residuos. Según la fuente y el año encontraremos que los madrileños generan entre 1'5 y 2 kilogramos de basura por habitante y día. ¿Se les ha ocurrido pesar las bolsas que sacan cada mañana a los contenedores? Prueben y me cuentan.
Resulta que ni sumando el despiece de los vehículos que utilicen a lo largo de su vida y la parte proporcional de la deconstrucción de los edificios que habiten conseguirán acercarse a ese dato. 1'7 kilos habitante y día es el peso de todos los residuos que se generan en una ciudad divididos entre la población que la habita. Esta cifra oculta que dos tercios de ese peso se generan por actividades económicas.
Suponiendo que pudiésemos analizar separadamente el tercio producido por los ciudadanos en sus hogares, podríamos empezar a hablar de si las personas participan o no adecuadamente en la recogida selectiva domiciliaria.
Si en Madrid no se recicla mucho, podemos echarles la culpa a los ciudadanos, freírlos a impuestos y amenazarlos con medidas coercitivas o podemos buscar las causas del problema. Lo primero es más fácil. Lo segundo implicaría estudiar si los residuos que se generan en actividades económicas pueden asimilarse, por cantidad y origen, a los domésticos y si requieren de medidas especiales que eviten su depósito basado en el criterio del contenedor más próximo.
- Dotación de contenedores:
Uno de los elementos clave a la hora de participar en la recogida selectiva, en la que se fundamenta nuestro sistema de reciclaje, es la dotación de distintos contenedores para diferentes tipos de residuos. Sin entrar en el detalle de la distribución de contenedores y fracciones de residuos, que dará para otras entradas, vamos al bulto.
Podríamos consultar los manuales, pero, sin necesidad de acudir a la aburrida literatura, cualquiera comprobará fácilmente que la cantidad de envases, en volumen, es similar o superior a la fracción orgánica de los residuos generados en un domicilio. Al menos en los hogares de mi entorno socioeconómico, la "bolsa de envases" ocupa lo mismo o más que el resto de la basura que se genera. ¿Por qué cuando salgo a la calle hay un contenedor amarillo por cada tres contenedores "de resto"?
Nótese que no estoy hablando de vidrio, papel y cartón, ni otros residuos tales como electrodomésticos, ropa usada... Sólo en lo más básico (lo que lleva funcionando desde las "relativamente recientes" fechas de finales del siglo pasado) la dotación de contenedores no se corresponde con la realidad de la producción de residuos, a pesar de ser una cuestión evidente y que no requiere de un estudio de detalle para ser constatada. ¿Qué criterio utiliza el Ayuntamiento para distribuir los contenedores destinados a la pre-recogida residuos?
- Prioridades de gestión:
Tema espinoso. Llegando a esta altura de la película uno se plantea ¿cual es el criterio que se sigue en la gestión de residuos?
Mientras que las instalaciones de gestión de residuos, construidas en base al interés general y financiadas con dinero público, están diseñadas para separar el flujo de residuos que reciben por tipo de materiales en función de sus propiedades físicas, las instituciones se empeñan en desinformarnos sobre lo que se debe destinar a este tipo de planta, explotada por organizaciones privadas. ¿Qué peso específico tiene el lobby de los productores de envases en la toma de decisiones en materia de gestión de residuos? ¿Qué importancia se da a los criterios técnicos, ecológicos o de maximización del beneficio global e interés general?
La cuestión no es nada inocente. Desde la Unión Europea la nueva directiva marco establece la recogida selectiva por tipo de materiales, con consideraciones específicas para la fracción orgánica, mientras que la autoridad local se empeña en priorizar sobre la fracción de envases ligeros. El esfuerzo invertido en deformar mentes es loable, pero no se hasta que punto es eficiente destinar nuestros recursos limitados a pagar a famosos personajes del fúlbol y de la música para que nos digan que si el envase lleva no se qué distintivo va a tal contenedor y si no te lo comes con patatas. Tal vez una política lógica y racional ayudará a los ciudadanos a mejorar sus tasas de separación y favorecería un mayor reciclaje. La cuestión es que entonces no tendría sentido la vía "coercitiva".
NOTA: Soy consciente de que esta entrada ganaría mucho con más enlaces, pero si abundase la información adecuada para analizar la realidad de la gestión de residuos, en vez de escribir esta queja amarga, estaría dando palmaditas y tirando flores a los responsables de la gestión de residuos, ustedes me perdonen.
aprender a sumar
Hay varios tipos de errores que uno comete cuando está sumando. Generalmente, no los descubre hasta que, después de revisado varias veces, aquello que sumaba aparece publicado en algún sitio. El primer tipo de error es el causante de que los datos de una columna no cuadren con el resultado. Se mire como se mire, error humano que inspira indulgencia. Los errores que me traen de cabeza últimamente son otros. Se refieren a tablas de datos que no pueden compararse con otras generadas en circunstancias similares ni con los resultados u objetivos que pretendían justificar.
Aparentemente, sumar es bastante fácil: 2 + 2 = 4. Si nos acercamos un poco más la cosa no es tan sencilla. Un vistazo a la entrada en la wikipedia sobre la suma nos convencerá de lo mucho que se puede profundizar en este noble arte. No todas las sumas se resuelven con los dedos.
En el colegio solían decir que no se pueden juntar peras con manzanas. ¿Seguro que no? 2 peras + 3 manzanas = 5 piezas de fruta. El frutero lleno puede estarlo de peras, manzanas, plátanos... También puede haber algún tomate, una zanahoria, unas nueces... según la definición que estemos manejando, podrían no ser "fruta". Incluso puede que esté allí, esperando a ser repuesto en su sitio, el tirador que se calló de la puerta del armario. Y eso ya no es un alimento. Pero venden unos tiradores muy monos con forma de cosas que se comen.
Así pues, en el común de las situaciones, la cosa no está tanto en la operación como en los factores que la rodean. Si nos interesase ser un poco más metódicos o precisos, mediante sencillas técnicas, podríamos asegurarnos que, independientemente de los dedos de la persona que ejecute la suma, el resultado sea siempre el mismo. Algunas veces ocurre, curiosamente, que el resultado varía, todo lo demás constante, en función de los dedos utilizados para realizar la suma.
Otras veces no contamos con las herramientas adecuadas o hay que seguir reglas especiales que no habíamos tenido en cuenta. Incluso hay pequeños trucos que nos pueden ayudar. ¡Qué fantástico invento la multiplicación! aquel recurso para sumar un mismo número una cierta cantidad de veces utilizando menos dedos: 20 + 20 +20 = 20 x 3 = 60.
Y es que, por fácil que nos pareciera, para comprobar el resultado, separar en un rebaño de 635 ovejas la suma de 214 churras y 421 merinas (que, según decían, no se deben mezclar) es posible que venga alguien que nos pregunte si teníamos alguna oveja cartera, que no es una oveja cualquiera.
Pues eso, sumar es fácil. Sobre todo si lo hacemos para autoengañarnos: no hay más que obviar el contexto y pedirle a una mano inocente que ejecute la operación. Mejor si no puede reconocer que no dispone información o recursos suficientes, y, sobre todo, que no pueda cuestionar los resultados. Los números sólo son números ¿le importan a alguien?
Un wiki en el curro
Últimamente he confirmado que soy un fricazo en uno de los pocos ámbitos en el que me faltaba hacerlo: el laboral.
El tradicional manual de instrucciones quedaba obsoleto con cada nueva propuesta de mejora introducida para optimizar el desarrollo informático original. Y estas propuestas, desde que descubrimos que podíamos acomodar la aplicación informática a nuestra forma de hacer las tareas y/o a los objetivos que buscábamos con el uso de la aplicación, no eran precisamente pocas.
Por probar si las nuevas tecnologías podían hacerlo más llevadero, se "me" ocurrió la feliz idea de utilizar, como sistema de documentación para una de esas aplicaciones desarrolladas a medida que nunca funcionan como se espera, uno de esos inventos 2.0: el wiki.
Cierto es que se podían haber propuesto soluciones más tradicionales para documentar los cambios. Cada uno en su cuaderno: ese que nunca aparece cuando el que tenía que acordarse no está en la oficina. O formalizar un sistema de gestión, a ser posible siguiendo un esquema normalizado que permita la certificación por terceras partes. Pero eso es un coñazo y a nadie en su sano juicio se le ocurre proponer implantar una ISO 9001. Especialmente si trabaja por obra y servicio y se le puede sumar a su ya de por si larga lista de tareas poco estimulantes.
La negativa inicial se convirtió en un reto que ha culminado con la instalación local de una bonita aplicación que permite disponer de un wiki completo en una memoria USB... y, con un poco de ayuda del informático, ponerlo a disposición de todos los equipos conectados a la red de la oficina.
Unos cuantos ratos invertidos para saltarse incomprensibles políticas encaminadas a evitar el uso de software libre... y listo: un wiki al que llorarle las penas y en el que hacer terapia de grupo como usuarios silenciosos de aplicaciones que parecían destinadas a amargarnos la vida.
El resultado... no tengo claro si hemos abierto una nueva frontera que atravesar o hemos hecho un agujerito en uno de esos muros que obstaculizan la comunicación interna. El tiempo lo dirá.
Planificando desde el auto – engaño
Da igual que nos remitamos a planes de la Administración, informes sectoriales, programas de organizaciones privadas o los propósitos de año nuevo que cada individuo hace de vez en cuando. Tenemos una cierta tendencia a planificar desde el auto - engaño. Debe ser algo muy humano.
En vez de hacer un análisis equilibrado de debilidades - amenazas - fortalezas - oportunidades, parece haber una cierta tendencia a centrarse en alguno de los aspectos para justificar una serie de actuaciones que nos vienen bien o para lamentar unos resultados que no coinciden con lo que esperábamos.
Cuando se trata de los propósitos de año nuevo es fácil ser autocomplaciente. Bastante hostil es el mundo exterior como para andarse fustigando. En ocasiones puede ser necesario recurrir al auto - engaño para seguir avanzando, pero ojo, igual nos dejamos llevar por un camino que no lleva al destino deseado.
Si somos un poco puristas podemos llegar a la conclusión de que la objetividad no existe y que, en el caso de que pudiésemos definir una escala de observación adecuada, no siempre vamos a poder determinar nuestra influencia como observadores sobre la realidad observada. Totalmente de acuerdo con estas limitaciones. Mi queja viene de que se nos olvida tenerlas presentes en nuestro análisis. Con frecuencia no queremos ser conscientes de que lo presentado en nuestros informes y trasladado a nuestras listas de buenos propósitos no es la realidad. Condicionado por una compleja diversidad de factores, no deja de ser lo que percibimos como realidad.
La cosa se complica cuando hablamos de organizaciones de diversa naturaleza o, incluso, planes de la Administración pública. Las estrategias y mecanismos de auto - engaño, esas pequeñas mentiras piadosas, pueden no resultar acordes a su objeto social. No se si tendré tiempo y/o capacidad para hacer un análisis adecuado de los incentivos perversos que llevan a este engaño (auto)inducido, pero es un tema que cada vez me preocupa más. Lo digo por si alguien ocupado en la materia que pase por aquí me puede recomendar enlaces para documentarme.
Matando caballos

No me refiero a los de la foto, evidentemente...
Hace unos días Telémaco compartía sabiduría ancestral:
La sabiduría de los indios Siux, que pasa de generación en generación, dice que cuando se descubre que uno está montando un caballo muerto, la mejor estrategia es desmontar.
Fruto de la lectura llevo unos días pasando la lista de chequeo y me he empezado a asustar al pensar que pudiera darse la situación de estar en el punto 27 o siguientes:
Sin embargo en el mundo de la empresa se utilizan una gran variedad de estrategias mucho más avanzadas:
- Comprar un látigo mas fuerte.
- Cambiar de jinete.
- Amenazar al caballo con su ejecución
- Pronunciar frases del estilo de "esta es la forma en que aquí siempre hemos montado los caballos".
- Designar a una comisión para estudiar al caballo.
- Visitar otros lugares para ver como otros montan caballos muertos.
- Reducir las exigencias de los estándares para que se pueda incluir a los caballos muertos
- Contratar un master black belt como líder del equipo para que se responsabilice de reactivar al caballo muerto.
- Redenominar al caballo muerto como "caballo con vitalidad reducida".
- Contratar compañías externas para que monten el caballo muerto.
- Amarrar juntos a varios caballos muertos para incrementar la velocidad.
- Aumentar los presupuestos en cursos de capacitación del personal para incrementar la productividad del caballo.
- Hacer un estudio del impacto potencial en el incremento de productividad del caballo muerto si fuese montado por jinetes más livianos.
- Declarar que como el caballo muerto no tiene que ser alimentado, es menos costoso, tiene menos gastos operativos, y por lo tanto contribuye a la economía general mas que los otros caballos.
- Revisar el informe de la autopsia para declarar que "Este caballo no está muerto."
- Matar al resto de caballos para nivelar los recursos productivos.
- Montar el caballo muerto de forma más inteligente y no más dura.
- Ascender el caballo muerto a supervisor.
- Formar una "joint venture" y dejar que otros se encarguen de montar el caballo.
- Realizar un estudio de costes para comprobar si algún contratista puede montar el caballo con menor coste.
- Declarar que los caballos son "mejores, más rápidos y más baratos" muertos.
- Declarar que "ningún caballo está lo suficientemente muerto como para trabajar".
- Usar fondos del proyecto para hacer un programa de incentivo monetario para que el caballo logre las expectativas requeridas en su función laboral.
- Formar un circulo de calidad para buscarle utilidades a los caballos muertos.
- Mandar al caballo a realizar estudios de postgrado a otro país, con la esperanza de que para cuando vuelva el proyecto ya haya terminado.
- Contratar a un prestigioso y caro consultor internacional para que en un extenso informe llegue a la conclusión de que el caballo está muerto.
- ....
Todo esto no quedaría completo sin añadir que la gracia del juego consiste en que hay que comerse al caballo muerto. Supongo que es una forma de evitar la tentación de cambiar de montura antes de tiempo.
