Residuos: de desechar a deshacer

tidymanLes pido disculpas por todas las veces que me han leído “deshecho” donde esperaban y deberían haber encontrado la “desecho”. Pero me resisto a pensar que los residuos son algo que no sirve, despreciable, que hay que eliminar.

En un neumático fuera de uso hay una mina de caucho, acero y otros materiales listos para recuperar. Un teléfono móvil que no funciona tiene una batería, una pantalla y otros componentes listos para reparar a sus hermanos de fábrica. El periódico de ayer es un montón de fibras con las que se hará la estructura de los bolígrafos de mañana.

La economía circular sólo es posible si aquellas cosas que dejan de sernos útiles pueden volver a darnos servicio, quizá previo paso por un nuevo proceso industrial, quizá divididas en partes que pueden satisfacer demandas concretas del usuario.

Desechar es renunciar al valor de algo que ya no nos sirve.

Deshacer es un proceso activo, paso previo para volver a hacer.

La biodiversidad en tu vida

Comparto con vosotros este vídeo divulgativo sobre los valores de la biodiversidad que ha preparado el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente que tan bien han comentado los amigos de Mercados de Medio Ambiente. Nada más que añadir, que lo disfruten:

En mi otro blog: una de ISO 9001:2015 y procedimientos documentados.

paperwork 2Desde la publicación del borrador de la versión para 2015 de ISO 9001 se está hablando mucho sobre los cambios que puede incorporar y cómo van a afectar a los sistemas de gestión de la calidad. La evolución de estos y la incorporación de tecnologías de la información y de la comunicación en las organizaciones hacen necesario revisar conceptos y formas de hacer.

Todavía queda recorrido para conseguir deshacernos del papel en las organizaciones. Y mucho que avanzar en lo que se refiere a identificar procesos y normalizar procedimientos.

Pero la flexibilidad de la nueva versión de ISO 9001 es necesaria en los tiempos en los que la información fluye en soportes que no se podían imaginar en 1987, cuando nuestros mayores parieron la primera versión de esta guía para hacer las cosas un poco mejor.

Así, la nueva norma ya no hablaría de procedimientos documentados, por lo que en mi blog en la Comunidad ISM me pregunto si con la ISO 9001:2015 se acabarán los procedimientos. ¿Qué pensáis? ¿Están las organizaciones y las personas que las forman preparados para abandonar los procedimientos documentados? ¿Existen formas más eficaces de reducir los riesgos asociados al mantenimiento y retención de la información?

La Ley 11/2014 que modifica la Ley de Responsabilidad Medioambiental está en vigor.

IndustrialEl sábado 5 de julio entró en vigor la Ley 11/2014, de 3 de julio, por la que se modifica la ley 26/2007, de 23 de octubre, de Responsabilidad Medioambiental, publicada el día anterior en el Boletín Oficial del Estado. Las esperadas modificaciones afectan, fundamentalmente, al ámbito de aplicación de la norma, el papel del operador en el cálculo de la garantía financiera y los plazos de resolución.

Así, en primer lugar, se amplía el concepto de daño medioambiental incluyendo el causado al estado ecológico de las aguas marinas en todo lo que no estuvieran previamente cubiertas por la ley de aguas. La responsabilidad ambiental será exigible en los daños causados a especies silvestres, hábitats, las aguas (superficiales, subterráneas o marinas), la ribera del mar y de las rías y el suelo.

Con la modificación se incluyen en el ámbito de aplicación de la norma los daños causados por obras públicas de interés general, competencia de la Administración General del Estado, así como por obras públicas de especial relevancia e interés equivalente cuya titularidad y competencia corresponda a las comunidades autónomas.

En relación a la cantidad que debe ser objeto de garantía financiera, la norma establece que será determinada por el operador según la intensidad y extensión del daño que su actividad pueda causar. Este nuevo enfoque hace recaer sobre la actividad económica toda la responsabilidad de sus posibles daños ambientales. Anteriores planteamientos trasladaban la responsabilidad a un verificador ambiental o a la Administración que tenía que determinar dicha garantía.

Antes de caer en la tentación de rebajar dicha cantidad conviene destacar que el importe de la garantía no limita en sentido alguno las responsabilidades por daños al medio ambiente. Es decir, si el operador se hiciera trampas al solitario durante el análisis de riesgos medioambientales de su actividad lo único que conseguirá es una garantía insuficiente para responder a las obligaciones de reparación de los daños en los que incurra en el futuro.

A pesar del enfoque preventivo, orientando a los operadores a la gestión de sus riesgos, la norma prevé exenciones a la obligación de establecer garantías financieras, que se ampliarán reglamentariamente atendiendo al escaso potencial de generar daños medioambientales y bajo nivel de accidentalidad de las actividades. En cualquier caso, cuando sea aplicable, la garantía debe quedar constituida de modo que cubra todos los eventos causantes de daño ambiental que se inicien a partir de la fecha de efectividad de su exigencia fijada reglamentariamente.

En cuanto a la tramitación, se establece que la autoridad competente deberá resolver y notificar los procedimientos de exigencia de responsabilidad medioambiental en el plazo máximo de 6 meses, ampliable hasta 3 meses adicionales en casos científica y técnicamente complejos. Cabe destacar que este plazo no tiene carácter de legislación básica, por lo que podría variar en las legislaciones autonómicas que regulen la materia.

No quería cerrar esta entrada sin recordar que, esté o no sometida a garantía financiera obligatoria, cualquier actividad que incurra en daño medioambiental puede ser requerida conforme a lo dispuesto en esta norma, ya que las obligaciones de prevenir y gestionar los riesgos ambientales o reparar los daños causados sí están en vigor y son exigibles desde el año 2007.

Movilidad urbana, a secas.

Hace unos días publicaba Mauricio Bermejo una brillante reflexión sobre el uso abusivo que estamos haciendo del término sostenibilidad. Me viene a la cabeza según leo “Plan de Movilidad Urbana Sostenible”. Quizá la definición dada en 2006 en la Guía práctica para la elaboración e implantación de planes de movilidad urbana sostenible (PMUS) del IDAE fuese bastante ilusionante:

Un Plan de Movilidad Urbana Sostenible, PMUS, es un conjunto de actuaciones que tienen como objetivo la implantación de formas de desplazamiento más sostenibles (caminar, bicicleta y transporte público) dentro de una ciudad; es decir, de modos de transporte que hagan compatibles crecimiento económico, cohesión social y defensa del medio ambiente, garantizando, de esta forma, una mejor calidad de vida para los ciudadanos.

bicitransportePero la realidad en 2014 hace desconfiar bastante del uso de la palabra “sostenible” en las proximidades de los términos “movilidad” y “urbana”. Salvo casos excepcionales, la movilidad urbana sostenible ha sido la excusa perfecta para enterrar dinero público en carriles y aceras bici que no van a ninguna parte. En ocasiones no son capaces ni de mejorar la seguridad del ciclista urbano. También ha permitido extender y subir las tasas de las zonas de estacionamiento regulado, adjudicar servicios de préstamo de bicicletas, etc.

Todo ello con la excusa de la sostenibilidad, pero ¿realmente se está priorizando en medidas compatibles con el crecimiento económico del conjunto de la sociedad o de empresas distintas de las adjudicatarias de las obras y servicios contratados con dinero de todos? ¿se está consiguiendo algún tipo de cohesión social o se están creando zonas de acceso exclusivo a unos pocos privilegiados? ¿se consiguen mejoras ambientales fomentando la renovación del parque móvil?

Los objetivos son claros ¿eliminar el motor de combustión de la ciudad y favorecer el tránsito ciclista? No, por supuesto que no. Necesitamos que las fábricas de coches sigan funcionando, que se sigan pagando impuestos por la compra de combustibles fósiles y, sobre todo, que te dejes unas monedas en la hucha municipal: más y mejores parquímetros y afán recaudatorio en una nueva atracción turística: dotamos al centro de la ciudad de una flota de bicicletas eléctricas y puntos de recarga poco o nada funcionales para cualquiera que no viva y trabaje en el centro de la ciudad. Todo muy sostenible.

Habría que hacer balance del gasto de dinero público teniendo en cuenta que si es más caro no es realmente sostenible. Existen muchas alternativas para mejorar la movilidad urbana reduciendo la contaminación y mejorando la cohesión social que no pasan por el despilfarro en infraestructuras que no son funcionales o que difícilmente se amortizarán, pero no dejan comisiones.

¿Se imaginan que para favorecer una movilidad urbana más sostenible dejamos de gastar dinero en pintar las aceras de rojo o garantizar los ingresos de la concesionaria de la publicidad en espacios públicos y empezamos a bajar las tarifas del transporte colectivo?